26 noviembre 2010

LA BUENA SUERTE DE SER PELIRROJA



- ¿Cómo consigues que una pelirroja cambie de humor?
- Espera diez minutos



Nací pelirroja. He tenido esa suerte… Aunque, si he de ser sincera, os confesaré que no siempre me sentí tan afortunada: en mi más tierna infancia fueron muchas las ocasiones en las que volví a casa llorando, herida en el alma, por ser objeto de burla.

Rogaba desconsoladamente a mi madre que pusiera remedio a ese pelo endemoniadamente naranja. Yo quería ser morena. Deseaba un pelo tan negro como una bandada de cuervos… Me negaba a seguir escuchando que era una zanahoria o que daba mala suerte.

Mi madre intentaba confortarme, me decía que el resto de los niños se ensañaban conmigo por envidia que, aunque no me lo dijeran, querían un pelo tan especial como el mío.

Por supuesto no la creía. Ni en mis mejores sueños podía imaginar que alguien envidiara el infiernillo que llevaba en la cabeza.

Un día, en el parque donde solía jugar, un desdichado niño se atrevió a llamarme “cabeza oxidada”. Heridísima, harta de tanto insulto gratuito y sin pensármelo dos veces le lancé, llena de ira, una piedra que le dio de lleno.

Aprendí dos cosas muy importantes: 1) cuando hay sangre de por medio el castigo es tremendo y 2) las cejas sangran mucho.

El niño en cuestión ahora es un hombretón que cada vez que se mira al espejo y se toca la cicatriz, recuerda lo arriesgado que es meterse con una pelirroja cabreada. Por lo que a mí respecta, tuve mi merecidísimo castigo. Aún agradezco a los dioses que me hayan dotado de una regular puntería; si llego a darle en el ojo (como sospecho que era mi intención), ahora pesaría sobre mi conciencia la mirada de un tuerto.

Con todo y con eso, mi madre hizo un buen trabajo; no desistió y logró convencerme de lo especial que me hacía tener ese color de pelo: consiguió que me sintiera orgullosa de pertenecer a una familia de rutilantes.

No pasó mucho tiempo. Ni si quiera había llegado a la adolescencia cuando ya sentía el tremendo orgullo de ser pelirroja: aprendí rápido a saborear el placer que se obtiene siendo diferente a los demás.

Hemos sido asesinados, repudiados y sacrificados. Nos han hecho víctimas de supersticiones y hemos sido objetos de deseo e idolatrados (a los chinos les damos buena suerte y nuestra compañía es muy apreciada). Por el contrario, nos han acusado de tener estrecho contacto con el diablo haciéndonos la vida imposible y quemándonos vivos. En el Antiguo Egipto se consideraba a los pelirrojos descendientes de Seth y se les atribuía una mayor fiereza. En la cultura judeo-cristiana, el rutilismo tenía que ver con la marca de Caín, por lo que a lo “mejorcito” de la Biblia se les tiñó de pelirrojo: Judas Iscariote, Esaú y María Magdalena.

En la mitología griega las mujeres pelirrojas eran consideradas brujas, mujeres perversas y amigas de lo oscuro. Se las representaban como mujeres libidinosas y provocativas. Nos han asociado a la obstinación y al temperamento; a lo fogoso, al riesgo y al peligro. Se nos sugiere como personas seguras y perseverantes. También dicen de nosotros que nos movemos por impulsos y que somos incapaces de controlarnos (no seré yo quien discuta esta parte).

Ahora la ciencia dice que sufrimos la mutación del gen MC1R y que somos mucho más sensibles al dolor precisando más cantidad de anestesia ante los mismos estímulos dolorosos (en concreto un 20% más). También nos cuentan que somos más propensos a sufrir cáncer en la piel y, según otro estudio ¿científico?, las pelirrojas somos mas fogosas en la cama y disfrutamos más del sexo (no, yo no lo escribí).

Para bien o para mal, seguimos sin pasar desapercibidos. Existen cientos de páginas en Internet donde nos adoran pero, a su vez, nos encontramos con otras tantas donde nos repudian y nos acusan de oler a pis (¡ja ja ja!), ser grimosos y malas personas.

Pero yo, ahora más que nunca, no sólo estoy encantada con mi cabellera sino que además creo que tengo mucho que agradecerle:

- Me defiendo muy bien, llevo haciéndolo desde muy pequeña

- He aprendido a reírme de mí misma

- Resulta muy difícil ofenderme

- Pertenecer a este pequeño 2% que ocupamos los pelirrojos en la población, hace que me crea y sienta especial

Sin lugar a duda y aunque más de uno/a corrobore que soy una maldita bruja que merezco la hoguera, estoy orgullosa de ser pelirroja y de pertenecer a tan maravillosa minoría…


De: "Pastelitos envenenados"  [http://blog.hola.com/pastelitosenvenenados/]

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1 Opiniones:

Pequeña niña ficticia dijo...

Ah estado muy bueno el escrito, enhorabuena a la pelirroja fogosa (: