20 abril 2011

Cuentopoema

En una playa, abrasada por los rayos del sol, vivía un grano de arena que aguantaba estoicamente las pisadas de la gente y el calor. Se consolaba pensando que el día iba sobre una rueda siempre en busca de la noche. Él la esperaba paciente y, cuando declinaban los primeros rayos de la tarde, esbozaba una sonrisa, porque sabía que se acercaba la brisa fresca del mar que abraza el ocaso y deja el infinito sembrado de luciérnagas.

El grano de arena miraba al cielo y sus ojos se posaban, cada noche, en la misma estrella. Y, desde la distancia fría que los separaba, con esmero recogía el brillo que desprendía y lo iba almacenando en los atrojes que tenía en un rincón del alma. Se había enamorado de ella y con sus destellos destilaba el bálsamo con el que curaba sus heridas y que le daban ración para soportar el día.

Una noche la estrella le negó su brillo y el grano de arena lloró. Sus heridas se abrieron y sintió dolor sobre dolor. El mar quiso refrescarlo y lo invitó a viajar en una ola. De espuma le hizo una cama, para llevarlo a las tierras de coral, y el grano de arena se perdió en el mar.



…Y, sobre la arena desierta,
encontraron una mañana
las pisadas de una estrella.


De: "Quimera de papel" [http://quimeradepapel.blogspot.com/]

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2 Opiniones:

pseudosocióloga dijo...

Que bonito.

Mercedes dijo...

Un texto cargado de poesía...